jueves, 26 de abril de 2012

AVE e investigación

El gobierno acaba de presentar sus presupuestos para el año 2012. Debido a la situación económica, son unos presupuestos enormemente restrictivos, coherentes con los ingresos previstos por los impuestos, que han disminuido mucho. Pero son unos presupuestos que adolecen de coherencia interna, al menos en dos aspectos: el recorte en investigación y el despilfarro en la construcción del AVE.

El presupuesto del año 2011 en investigación, desarrollo e innovación fue de 8.600 millones de euros. Para este año, ha quedado reducido a 6.400 millones. El gobierno socialista habrá hecho muchas cosas mal pero, al menos en este concepto, había mantenido una política de ayuda a la investigación que había permitido a España tener un puesto destacado en el panorama mundial. Con este brutal recorte se perderá toda una generación de jóvenes investigadores, será más difícil atraer a España buenos científicos de otros países y será más fácil que los buenos científicos de España marchen al extranjero. Destruir equipos de investigación es muy fácil y rápido, volverlos a crear es mucho más lento y complicado. Con estos presupuestos habremos vuelto a la España de Unamuno, la del “que inventen ellos”.

El problema es que todo el mundo está de acuerdo, al menos de boquilla, que para recuperar el dinamismo económico hace falta entrar en la economía del conocimiento, para lo que se requiere una investigación potente. Al destruir el esfuerzo de bastantes años, con estos presupuestos nos comemos el grano que debería haber servido para plantar la próxima cosecha.

Al lado de este recorte, se siguen destinando partidas importantes para la construcción del AVE. En los presupuestos para 2012 del Ministerio de Fomento se consignan 4.188 millones de euros, de los que las partidas más importantes son: 1.217 para el AVE a Galicia, 762 para el AVE a Levante, Murcia y Almería, 596 para el AVE al País Vasco, 470 para el AVE a Asturias y 346 para el AVE de Barcelona a la frontera francesa. Casualmente, en Galicia hay elecciones previstas para 2013, si es que no se adelantan. La sombra de lo que pasó en Andalucía es alargada, y hay que mantener contentos a los electores.

La ministra de Fomento, Ana Pastor, ha justificado las inversiones para el AVE a Galicia diciendo que “son de justicia”, pero sin aportar ni un solo dato económico, argumento más que discutible en este período de gravísima crisis. El pueblo gallego, que es bastante más inteligente que sus políticos, habría comprendido un retraso de uno o dos años en la llegada del AVE, dadas las circunstancias dramáticas en las que vive el país, pero los políticos han hecho de esta fecha un punto de confrontación partidista, por lo que ninguno de ellos explicará que un kilómetro de alta velocidad sale, en promedio, por unos 18 millones de euros, el equivalente al coste de 3 o 4 escuelas, y que 5 kilómetros de AVE ya darían para hacer un hospital para una población de cien mil habitantes. Tampoco ninguno de ellos explicará que los estudios de viabilidad de la alta velocidad a Galicia indican que transportará menos de dos millones de pasajeros anuales, con una cadencia de cuatro o cinco trenes diarios en cada sentido, mientras que una línea de alta velocidad de 500 kilómetros requiere, para ser rentable socialmente, de unos ocho millones de pasajeros anuales, cifra a la que todavía no llega el tramo Madrid Barcelona, el más utilizado de España, que transporta algo menos de seis millones. Lo mismo que decimos del AVE a Galicia lo podemos decir de todas las otras inversiones en alta velocidad previstas para 2012: ninguna de ellas es rentable ni a corto ni a medio plazo.

El Secretario de Estado de Transporte de Estados Unidos, Ray La Hood, quedó admirado por la red de alta velocidad española cuando vino a España en el año 2009, invitado por el ministro José Blanco, pero cuando le enseñaron los números pronunció una frase demoledora: “Ustedes son ricos, nosotros no nos lo podemos permitir”. Ahora que sabemos que no somos ricos, resulta poco razonable destinar más de 4.000 millones en 2012 a esta infraestructura, mientras se recortan los gastos de investigación.

En resumen, unos presupuestos que, si no son corregidos durante su tramitación parlamentaria, por un lado destinan mucho dinero a proyectos que no son rentables y, por el otro, cortan cualquier posibilidad de desarrollo futuro de la economía del conocimiento. Después nos preguntamos por qué los que nos prestan el dinero (los mercados) reaccionan a estos presupuestos con un aumento de los intereses que nos piden. Los mercados no nos piden más recortes, sino recortes inteligentes: menos recortes en lo que pueda ayudarnos a salir de la crisis (la investigación, por ejemplo) y más recortes en lo que es superfluo y no es rentable, y que representará un aumento del déficit durante muchos años (la alta velocidad, por ejemplo). Todo esto demuestra una falta de seriedad en la elaboración de los presupuestos. Cuando precisamente lo que se esperaba de un Registrador de la Propiedad con plaza en Santa Pola es eso, que fuera serio.

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